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José María Pemán

El escritor y académico José María Pemán (centro), acompañado de las primeras autoridades gaditanas, corta la cinta inaugural de la I Feria Nacional del Libro.

 

 

El escritor y académico José María Pemán (centro), acompañado de las primeras autoridades gaditanas, corta la cinta inaugural de la I Feria Nacional del Libro.
EFE

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Iglesia de la Palma

Iglesia de la Palma.

Al igual que otras de esta ciudad, se asocia a la figura del misionero capuchino fray Pablo de Cádiz, religioso devoto de la Virgen María que tuvo a bien fomentar los rosarios públicos, a los que dotaba de una peculiar organización que los hacía similar a una cofradía. Así, fundó en esta ciudad un total de quince Compañías del Rosario repartidas por diferentes iglesias, hospitales o ermitas. Y para fijar una sede a la del Ave María, formada por devotos del Barrio de La Viña se levanta una capilla entre los años 1693 y 1696.

Esa capilla sufre grandes daños a causa de un incendio en el año 1754, y como consecuencia de ello se procede a la construcción de la iglesia actual, cuya construcción se termina en 1768, siendo bendecida por el entonces obispo de la ciudad, fray Tomás del Valle.

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Iglesia de Santa María (Cádiz)

Iglesia de Santa María (Cádiz)

El Convento de Santa María de Cádiz  se funda en 1527, para una comunidad de franciscanas concepcionistas en lo que era la Ermita de Santa María del Arrabal, junto con unas casas colindantes.

En el año 1596 Cádiz sufre el peor asalto de su historia, a cargo de la flota conjunta angloholandesa, mediante el cual el convento es asediado y su iglesia incendiada, por lo que hubo de reconstruirse el conjunto; habiendo constancia de que en 1605 las obras, bajo la dirección de Luis Ramírez, se encontraban ya en un estado muy avanzado, con una sencilla iglesia de planta rectangular y una sola nave cubierta con bóveda de cañón.

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Una de las Primeras fotografías del Puente Carranza.

De las Primeras fotografías del Puente Carranza.

El peaje de Las Cabezas a 18 pesetas, el de Jerez a 7 pesetas y las 25 pesetas que costaba cruzar por el puente de Carranza convertían a la autopista del Sur en un artículo de lujo, no apto para todos los conductores. La velocidad era de 130 kilómetros por hora y solo los grandes automóviles de la época eran capaces de circular con la aguja del velocímetro por encima de los cien. Así, no era extraño ver como muchos Seiscientos o Seat 1400 dejaban sus bielas en mitad del asfalto

Sebastián González Álvarez, se convertía el 12 de junio en el conductor número un millón que pasaba por el puente José León de Carranza. La estación de peaje registraba esa cifra en poco más que siete meses. Los cálculos estimaron que el vehículo pasaría sobre las cinco de la tarde y a esa hora llegaron el alcalde y otras autoridades municipales a recibirlo.

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La Plaza de San Antonio

Plaza de San Antonio

 

La Plaza de San Antonio se construyó en el año 1656 en 
el entonces llamado “Campo de la Jara” para denominarse San Antonio, la nomenclatura se debe por existir allí una ermita con dicho nombre. A principio del Siglo XIX se le llama Plaza de la Constitución, por haber sido este lugar donde el 19 de marzo de 1812 se proclamó la Constitución. En 1937 se le denomina Plaza de José Antonio Primo de Rivera y con la llegada de la democracia vuelve a denominarse Plaza de San Antonio.

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Los Cien Mil Hijos de San Luis

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foto andalucia.org

La actual Isla del Trocadero, en el término municipal de Puerto Real, da su nombre a una plaza de París precisamente por haber sido el lugar de la victoria de los Cien mil hijos de San Luis en su combate contra los liberales. En la actualidad quedan los restos del castillo de San Luis, emplazados justo al sur del Puente Carranza.
El 7 de abril de 1823, Francia intervino militarmente otra vez en España, a solicitud del rey Fernando VII para apoyarlo frente a los liberales y restablecer el absolutismo, en virtud de los acuerdos de la Santa Alianza. El ejército francés, denominado con el nombre de los Cien Mil Hijos de San Luis,fue encabezado por el duque de Angulema, hijo del futuro Carlos X de Francia.
El objetivo fundamental de la intervención francesa era terminar con los liberales en el gobierno desde tres años antes.
Cádiz fue sitiada y bombardeada. La resistencia fue muy fuerte y los franceses no pudieron tomar la ciudad. La situación de los sitiados era desesperada pues no llegaban refuerzos de parte alguna. Al final se realizó un pacto: Fernando VII saldría y prometería defender la libertad alcanzada por los españoles con la Constitución de 1812, y a cambio se rendiría la plaza.
Acordado con los franceses, Fernando VII salió de la ciudad, pero de forma inmediata se unió al invasor y el mismo 1 de octubre decretó la abolición de cuantas normas jurídicas habían sido aprobadas durante los tres años anteriores. La derrota tuvo nefastas consecuencias para la ciudad; en los siguientes años se arrestaron a 30.000 personas y 20.000 fueron ejecutadas.

 

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La Catedral de la Santa Cruz de Cádiz.

Está situada en el centro histórico de Cádiz, casi al borde del mar, y es visible desde casi cualquier punto de la ciudad,se comenzó a construir en el siglo XVIII.
Mezcla los estilos barroco y neoclásico ya que las obras dieron comienzo en 1722,En En 1723 se colocó la primera piedra,en las que utilizó únicamente sillares de piedra ostionera colocados a hueso y se prolongaron durante más de un siglo. De visita obligada es la cripta se construyó entre los años 1730 y 1732,donde descansan los restos de Manuel de Falla, y el poeta José María Pemán.
El sonido del mar, el batir de las olas que retumba en el interior de la cripta
Tras la conquista de la ciudad, Alfonso X El Sabio solicitó al papa Urbano VI la restauración de la antigua sede asidonense en Cádiz consciente de su situación estratégica.
Tras la concesión papal, el rey castellano mandó levantar un edificio bajo el título de catedral de la “Santa Cruz sobre Las Aguas” la actual iglesia de Santa Cruz,situada en el barrio del Pópulo y conocida popularmente como “Catedral Vieja”.
La Iglesia de Santa Cruz (Catedral Vieja).Fue edificada por orden del rey Alfonso X El Sabio alrededor de 1262, con el fin de ser enterrado en ella. Destacan el retablo del altar mayor, la capilla de los Genoveses y la urna y Cristo del Santo Entierro.
El aumento progresivo de la actividad comercial del puerto gaditano tras el descubrimiento de América y en consecuencia el aumento de población, fue evidenciando a lo largo de los siglos XVI y XVII la necesidad de construir una nueva catedral de mayores proporciones y esplendor acorde con la situación de prosperidad económica que vivía la ciudad. El traslado de la sede del monopolio desde Sevilla en 1717 afianzó a Cádiz como cabecera en el control del comercio.

Oratorio de la Santa Cueva,del siglo XVIII.Desde este oratorio comenzó a edificarse la catedral de Cádiz
Obra de Vaccaro y Gandulfo,cuenta con tres lienzos de Goya La Santa Cena, La multiplicación de los panes y los peces y La parábola de la boda del hijo del rey.No se sabe con exactitud cuándo ni dónde pintó Goya estos lienzos. Según algunos investigadores, pudieron realizarse en el invierno de 1792-1793, coincidiendo con la primera estancia del pintor en Cádiz, convaleciente de la gravísima enfermedad que le produjo la sordera.
Su construcción comenzó en 1781, a expensas de José Saénz de Santa María, marqués de Valdeiñigo, a partir de un sótano aparecido bajo la parroquia del Rosario.
El monumento está considerado como uno de los grandes monumentos del arte español y la joya del neoclásico gaditano,consta de dos estancias, una superior o capilla alta de extraordinaria riqueza y luminosidad, donde se pueden contemplar tres lienzos de Goya, y otra subterránea o capilla baja de mayor austeridad y recogimiento.
La Torre de Poniente de la Catedral.Es una de las dos torres gemelas de la catedral, justamente la que está junto a la calle Arquitecto Acero es el punto más alto de la ciudad, 74 metros finalizada en 1862 por el arquitecto Juan de la Vega.

 

 

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El saqueo de Cádiz por los ingleses

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El 29 de Junio de 1596 se presenta frente a las costas de Cádiz una poderosa flota integrada por 157 naves inglesas y holandesas armados en pie de guerra al mando del Conde de Essex, general inglés, favorito de la reina Isabel I de Inglaterra. Tenía por misión apoderarse de la Flota española que, cargada con innumerables riquezas, se encontraba en el puerto de Cádiz, pronta para zarpar a las Indias. En la flota inglesa venía un ejército estimado por Abreu en 15.000 hombres de infantería preparados y armados. También venían en la flota, unidades de caballería y artillería.

La ciudad de Cádiz, sorprendida por el ataque, contaba para su defensa con sólo algunos centenares de soldados. Sus defensas de artillería eran escasas e insuficientemente equipadas. Por lo tanto, apenas apareció la flota inglesa se enviaron emisarios solicitando refuerzos a las ciudades y pueblos vecinos de Cádiz.

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El maremoto de Cádiz de 1755

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Cádiz. 1 de Noviembre de 1755

La capital gaditana se despierta una mañana más con la brisa marina, el día despejado y, como siempre, algo de viento que agita tranquilamente las olas del mar.
Aparentemente es un día como otro cualquiera; algunos barcos salen camino al nuevo mundo, otros vienen llenos de conquistas, los párrocos ofician misa y los ciudadanos se concentran en sus quehaceres cotidianos.
Son casi las 10 de la mañana. Extrañamente, el cielo ha comenzado a nublarse. Parece que se avecina una gran tormenta. De pronto comienza a notarse un leve temblor en el suelo, la gente se asusta y empieza a correr despavorida por las calles. Nadie sabe qué ocurre. Las casas vibran, el viento sopla con fuerza y súbitamente los gaditanos se convierten en testigos mudos de cómo unas grandes “lenguas” de agua entran con brusquedad a través de las estrechas calles de la ciudad, arrasando todo allá por donde van.
Los más rápidos consiguen escapar gracias a las azoteas, pero otros con menos suerte perecen ahogados.
España, todavía sin saberlo, acaba de ser víctima de uno de los acontecimientos meteorológicos más destructivos de los que se tiene constancia hasta la actualidad. “El terremoto de Lisboa”, nombre que se dio al fenómeno, pudo haber acabado con la vida de miles de personas si no hubiese sido por el desconcertante y repentino retroceso de las olas.
Desde la más remota antigüedad, para predecir futuros movimientos de tierra, se prestaba atención al estado del cielo al amanecer, a los vientos, al estado del mar e incluso al olor de las aguas… Sin embargo, nada de esto sirvió aquel lejano día para anticipar la violencia desatada por un movimiento de tierra que podría haber tenido consecuencias catastróficas en ciertos lugares de la península e incluso fuera de ella.
El terremoto de Lisboa, que alcanzó los 9 grados de magnitud en la escala Richter, es considerado aún hoy uno de los más destructivos de la historia. Las olas que se desataron en el sur de la Península Ibérica pudieron haber sobrepasado los 15 metros de altura, y según se tiene constancia ahogaron a 15 personas repartidas por toda la capital gaditana.
El movimiento sísmico, convertido en maremoto en ciertas ciudades como Cádiz o Conil, arrasó todo lo que encontró por delante y afectó en distinto grado a varios países como Marruecos, Portugal y España.
La envergadura de este acontecimiento fue tal que el rey Fernando VI ordenó sondear a la población. Así, se llegó a realizar una especie de encuesta preguntando a los habitantes de cada pueblo si habían notado el temblor. Del primitivo estudio de opinión se encargaron las personas más cultas de cada lugar.
Las cartas que se enviaron desde Cádiz fueron numerosas, pero entre ellas destacan las de Antonio de Azlor, gobernador de la ciudad, quien contaba que notaron unos temblores de cinco minutos que sólo causaron destrozos en algunas casas y no se tuvieron que lamentar víctimas. Sin embargo, al cabo de una hora aproximadamente, el agua del mar comenzó a penetrar por la ciudad dejando inundados barrios como La Viña o caminos que unían Cádiz con otras ciudades como “La Isla de León” (San Fernando).
También resultan relevantes las cartas de Louis Godin, profesor de matemáticas y observador de varios terremotos en su vida. Godin describe en sus cartas la mañana “clara y serena” con la que se levantó la ciudad, el “leve movimiento de tierra” y cómo aproximadamente una hora después del temblor, “lejos de la ciudad, hacia el Oeste, el mar estaba muy encrespado, y venían sobre Cádiz olas muy extensas y altísimas; en efecto llegaron en seguida sobre la ciudad, embistiendo furiosamente a la capital”.
En su escrito encontramos una de las primeras referencias a la divinidad: “Una orden (sin duda inspirada por Dios) hizo que se cerrasen las puertas y allí quedaron retenidas unas mil o quizás dos mil personas que, sin duda, hubiesen perecido si hubieran estado fuera”.
Pero ésta no es la única mención que vincula el maremoto con la divina providencia. Existen varios documentos que atestiguan la intervención de dos vírgenes en Cádiz para ayudar a conseguir el retroceso de las gigantescas olas que amenazaban a la ciudad.

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La primera de ellas es la Virgen del Rosario, conocida por ser la Patrona de Cádiz. Se cuenta que los gaditanos sacaron la imagen de su santuario para que ésta intercediera ante Dios, situándola ante toda clase de “gentes” que se agolpaban frente a la iglesia huyendo del peligro. Dicen que el agua retrocedió entonces con “velocidad extraña” y aunque las olas se sucedieron no causaron ningún tipo de daño.
La segunda mediación parte de la iglesia de La Palma, en el histórico barrio de La Viña. El padre Bernardo de Cádiz y su ayudante Francisco Macías se encontraban oficiando misa mientras el mar se acercaba destruyendo todo lo que se encontraba a su paso. Parece que desde dentro del santuario se escuchaban los gritos de los atemorizados viandantes.
Cuando los clérigos salieron al exterior para saber qué pasaba, observaron cómo penetraba el mar por las calles, y decidieron poner su destino en manos de la Virgen de la Palma, sacando el estandarte y el crucifijo que guardaban en la iglesia.
“¡Hasta aquí, Madre Mía!”… y las aguas comenzaron a retroceder …”
Cuentan las crónicas que lo clavaron en mitad de la calle y tras gritar: “¡Hasta aquí, Madre Mía!” las aguas comenzaron a retroceder milagrosamente
Fue tal la importancia que se le dio a esta intervención divina de la Virgen de la Palma que pocos días después se instaló una placa junto a un cuadro de la venerada imagen simbolizando justo el momento en el que las olas empezaron a amainar. La placa puede contemplarse aún hoy cerca de la Iglesia, como un modo de atestiguar que lo ocurrido fue algo más que una simple leyenda.
En ella se puede leer actualmente: “En el año mil setecientos cincuenta y cinco, primer día de Noviembre, la tierra en violentos vaivenes de un temblor se estremecía enfureciendo al mar sus movimientos por los muros de Cádiz se subía preparando entre horror, ansias y males, el último castigo a los mortales. Un sacerdote saca fervoroso el guión de la imagen de la palma; DE AQUÍ NO PASES, dice al mar furioso; y al punto al mar se vuelve y todo calma. Por este caso tan notable y prodigioso esta ilustre hermandad, con vida y alma de Dios y de María, en honra y Gloria en gratitud erigió esta memoria”.
Por si todo esto fuera poco, hace tan sólo unos días el Cofrade de la Iglesia de La Palma, José Luis Ruiz, localizó varios documentos en los que se recogen por escrito los hechos tan sólo tres días después del fenómeno.
El manuscrito, que se encontraba en un libro de actas de la cofradía, nunca había sido divulgado con anterioridad y en él se confirma la “autenticidad” de los hechos y se puede leer cómo la Junta de Oficiales se reunió un mes y medio después del terremoto para acordar la salida de la Virgen en procesión. Así, desde entonces la imagen sale cada 1 de Noviembre y no el 26 de Diciembre como se hacía antes del seísmo.
Como decíamos, otra de las actas que se han encontrado data de sólo tres días después del maremoto. En ella el Obispo Fray Tomás del Valle pide a los gaditanos que hagan ayuno el 5 de Noviembre “según las fuerzas de cada uno”.
El terremoto de Lisboa tuvo numerosas réplicas durante los años siguientes. El 1 de Noviembre de 1756, exactamente un año después del primer y devastador seísmo, se percibió otro movimiento cuando:
“Caminando Fernando Muñoz el día de todos los Santos, a quando el terremoto que ubo subieron las aguas del mar y toparon, camino por donde iba dicho Fernando y lleva al ganado… Para Cádiz y viendose lla perdido y que las aguas montaron por encima de él y de las carreras y que se apoyaba sin remedio yboncó a María Sta. De los Santos de Alcalá de los Gazules y fue libre de semejante peligro”.
Como podemos observar, por tercera vez nos encontramos con la sorprendente relación que parece existir entre una supuesta mediación de la divinidad y la retirada del mar. De hecho, aún hoy podemos observar cómo una historia que comenzó en el siglo XVIII sigue vigente transmitiéndose a través del boca a boca.
No podemos concluir sin mencionar un hecho que, aunque quizá no sea más que una casualidad, va extendiéndose poco a poco por las calles gaditanas. Tenemos que remontarnos tan sólo unos meses atrás, cuando el barrio gaditano de “La Laguna” quedó inundado como consecuencia de una torrencial lluvia. Un desastre meteorológico más que, a pesar de su gravedad, no tendría nada fuera de lo normal de no ser porque la imagen de la Virgen de la Palma no estaba entonces en el lugar donde habitualmente descansa. De hecho son los propios gaditanos los que atribuyen ese último desastre a la ausencia temporal de la imagen.

Para los lugareños que dan por ciertos los acontecimientos que hemos narrado en este artículo, la prueba más contundente tal vez sean las leyendas populares transmitidas de generación en generación como recuerdos colectivos de hechos reales. Y es que el caso del terremoto de Lisboa, ocurrido hace más de tres siglos, está todavía muy lejos de cerrarse, y periódicamente no dejan de aparecer indicios que apuntan hacia una inquietante veracidad.

Fuentes
-Los efectos en España del terremoto de Lisboa- José Manuel Martínez Solares.
-El maremoto de Cádiz 1 de Noviembre de 1755 -Mariano Boloix, Carlos Roca Capitán de Navío, Real Instituto y Observatorio de la Armada
Estela González de la Flor