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José María Pemán

El escritor y académico José María Pemán (centro), acompañado de las primeras autoridades gaditanas, corta la cinta inaugural de la I Feria Nacional del Libro.

 

 

El escritor y académico José María Pemán (centro), acompañado de las primeras autoridades gaditanas, corta la cinta inaugural de la I Feria Nacional del Libro.
EFE

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Un detective vasco en Cadiz

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Un detective vasco en Cadiz

Me llamo Mikel Gorriaran, llevo 15 días en Cádiz y me estoy, o me están volviendo loco.

Os contaré mi historia. Soy investigador privado y he venido a Cádiz a resolver un caso simple. Pero la verdad es que cada día que pasa se vuelve más complicado. Tan solo se trataba de descubrir al amante de la mujer de un alto mandatario vasco, comprenderán ustedes por tanto que no dé su nombre, además porque me debo a mi secreto profesional.

En principio no tenía muchas pistas. Solo sabía que el hombre en cuestión era de Cádiz, se llamaba Manuel Ramírez, que trabajaba en el Puerto de Cádiz y que se le conocía con el alias de “picha”. Así que el individuo en cuestión debía de estar bien dotado, ya que además de la amante de la mujer del político, eran conocidas sus correrías por el Puerto de Bilbao. También usaba otro sobrenombre: “quillo”.

Con estas pistas, tome el avión hasta Madrid, y de allí enlace con el tren hasta Cádiz. Llegue a la estación, cogí un taxi y mientras iba camino del hotel, intente entablar conversación con el taxista. La cosa quedo en eso, en el intento, porque que yo sepa, una conversación es entre dos o más personas, pero el taxista no me daba opción ya que hablaba por los codos, y de modo ininteligible. Lo hacía de forma sumamente apresurada y las pocas palabras que podía cazar al vuelo estaban incompletas. Quise preguntarle por el puerto, pero sabiendo que su respuesta no la entendería, lo dejé para mejor ocasión.
Llegué al hotel “Playa Victoria” y como mi interés era buscar al tal Manuel Ramírez, en principio consulté la guía telefónica de la ciudad; pero como presumía aquí había demasiados Ramírez. En mi tierra hubiera sido muy fácil. Así que opte por buscar pistas en su lugar de trabajo. Salí a la calle y pregunte por el puerto. Un señor muy amable me dijo que lo mejor era coger el autobús de los Comes, pero que para eso tenía que ir a Cádiz.

Aquello me desconcertó, ¿Dónde estaba yo? Empecé a atar cabos. Efectivamente cuando llegue a la terminal de la estación no ponía Cádiz, sino Cortadura. Y, además, recuerdo que en el trayecto di unas cuantas cabezadas, y claro en ese intervalo pudo haber algún enlace, o algo, no sé. Lo cierto es que yo no me encontraba en Cádiz. Pero no debía de estar muy lejos.
Pare un taxi y con gesto decidido le dije al taxista que me llevara a Cádiz. El me contestó con: “¿a Cádiz dónde?”. Y le conteste algo enfadado: “a Cádiz, joder, a Cádiz; de una puta vez quiero llegar a Cádiz”.
Ya luego, el taxista con mucha paciencia y muy despacio me explico que donde yo estaba era Cádiz, pero no era Cádiz. A ver si lo explico bien. Resulta que la gente de aquí le llama Cádiz a la parte antigua y desde unas murallas para adelante le llaman Puerta Tierra. Así que en realidad yo estaba en Cádiz, pero en Puerta Tierra. No se si lo he explicado bien, pero yo ya lo he entendido.

Llegue por fin a la estación de autobuses de Comes, pedí un billete para el Puerto y me subí al autobús correspondiente. El trayecto fue relativamente corto, si acaso 30 minutos; pero la verdad es que yo creía que Cádiz era más pequeño. Sin duda me habían informado mal. Y además mi trabajo aquí se complicaba, puesto que habría que buscar en una ciudad más grande de lo que pensaba.

Pero mis sorpresas no habían acabado. Llegado a la estación terminal pegunte por el puerto. Mi interlocutor me miro con mal gesto y me dijo que esto era el Puerto. Yo no entendía nada. Ese hombre enfadado y yo no veía barcos por ningún sitio.
La verdad es que el hombre tuvo más paciencia que el santo Job, me fue explicando poco a poco que aquello era El Puerto de Santa María, pero que por todo el mundo (todo el mundo menos yo) era conocido por El Puerto. Y además me dijo que eso no era Cádiz, que Cádiz estaba allí enfrente. Que El Puerto es un pueblo de Cádiz y que si lo que quería es ir al puerto de Cádiz, que cogiera el vaporcito y me dejaría allí mismo.

Total, antes lo de Cádiz, que no era Cádiz, que era Puertatierra y ahora que El Puerto es un pueblo de Cádiz y entonces digo yo: ¿Cómo le llaman al puerto, al de los barcos, al puerto de siempre?

Subí por fin al que llaman el Vaporcito de El Puerto, que para que lo sepan ustedes no es un barco de vapor. No, porque aquí en Cádiz o donde coño esté ahora, no le llaman a las cosas por su nombre. Si, le llaman vaporcito; pero en realidad es un barco que va a gasoil. Y llegue por fin al puerto de Cádiz, que aquí le llaman “el muelle”. Una gracia que me ha costado gran pérdida de tiempo y dinero, que además no se justificar ante mi cliente, porque me temo que no me va a creer, y tampoco quiero darle muchas explicaciones porque seguro que voy a ser objeto de burlas.

Bien obviaré todos estos inconvenientes y pasaré a la acción. De siempre las mejores informaciones se consiguen en los bares, así que me acerque al bar más próximo al puerto (perdón “al muelle”), uno que se llama Lucero y pedí un tubo (de cerveza, se entiende), pero el camarero no lo entendió. Yo, más o menos, le explique lo que quería y el con aire de suficiencia me dijo: “Ah, usted lo que quiere es un bó”. Joder, no sabía yo que también tenían un idioma particular los gaditanos.
Me acomodé en la barra del bar y puse la oreja atenta a lo que allí se cocía. Me acerque la cerveza a los labios, y tome un trago largo y, de pronto, escuche la palabra mágica: “Pisha”.

¡Dios!, por fin la suerte me vino de cara. Casi no podía creérmelo. Me atore con la cerveza, me puse perdido, pero merecía la pena. Había encontrado a la persona que estaba buscando. Bendita suerte la mía. Con disimulo me acerqué a los hombres que charlaban de un tema que no comprendía, pero tenía que ver con la música y los coros. Y con un jurado, que por lo visto no tenía ni idea. Gente, sin duda muy creyente. Aunque mal hablada, eso sí, se escapaban de vez en cuando, demasiado de vez en cuando, palabras mal sonantes, que no creo deban reproducirse aquí. Pero, a mí lo que me interesaba era que uno de ellos fuera “el pisha”. Y para asegurarme que ese era el tipo que buscaba, pedí otro bó y pegue la oreja a la conversación.
Efectivamente a lo largo de la conversación uno de ellos: un tipo bajito (1,65 no más), moreno, 40 años, delgado, que no tenía ni media bofetada, era llamado constantemente “picha” por su compañero de conversación. Jo, pensé, Dios le da pañuelos al que no tiene nariz. No se si lo captan ustedes, porque aquel tipo se estaba trajinando a la mujer de mi cliente, Y aunque este mal decirlo, porque yo soy un profesional, es una hembra de bandera. No me extraña que a ese tipo le dijeran “el pisha”, porque sin duda era lo único que tendría.

Bueno, bueno, que me desvío de la trama. Había dado con el individuo, eso era lo importante. Esperé tranquilamente a que acabaran la conversación y seguí al “picha”, con la idea de abordarlo solo y sin testigos. Y ocurrió un caso hasta ahora inédito en mi dilatada carrera. Se encontró con un amigo suyo y al saludarlo le dijo: “¿Qué pasa PISHA?”. Y el otro le contesto: muy bien PISHA, ¿y tú?
Si efectivamente, había dos individuos con el mismo alias. Y a decir verdad, ese segundo tipo tenía mejor planta de amante que el escuchimizado de antes. Pero en esto de la investigación nunca se puede descartar a ningún sospechoso. Lo malo de esto es que ahora tendría que doblar mis esfuerzos y hacer seguimientos alternativos, para comprobar cual de ellos era el verdadero amante.

Opto en principio por seguir a este último ya que le veo con mejor planta, pero sin descartar, como buen profesional que soy, al tipo escuchimizado. El individuo toma un autobús y allí entabla conversación con un conocido suyo al que llama “quillo”. ¡Dios! Esto se complica a cada paso. Ahora tengo dos “pishas” y un “quillo”. Mi instinto de detective me dice que estoy siguiendo una pista falsa. Empezaré de nuevo; así que vuelvo al bar del “muelle” y le pregunto al camarero si conoce a un tal Manuel Ramírez que trabaja en el puerto. Me dice que con esos datos no le suena y que además El Puerto le queda algo lejos. Caigo entonces en la cuenta y rectifico diciéndole que donde trabaja es en el “muelle”. No cae. Le digo entonces que le conocen por el apodo de “pisha” y también por el de “quillo”. El tipo del bar se carcajea en mi cara. Y me aclara que aquí todo el mundo es “picha” y “quillo”. La poli, sin duda, aquí lo tiene complicado.

Te estás luciendo Mikel, me digo para mí. Otra cagada. No obstante, el camarero me dice que pregunte por “Paco el bigote”, que en el muelle es el que contrata a los estibadores. Después de darle todos los datos que disponía de Manuel Ramírez; de que según tenía entendido trabajaba en el muelle , de que durante seis meses trabajó en el Puerto de Bilbao (lo de los apodos lo omití, porque con el cachondeo del camarero ya tuve bastante), aquel me contesto de mala gana que ya no trabajaba allí. Que según tenía entendido ahora trabajaba en la Residencia. Yo le pregunté que, ¿en cuál residencia? El contestó, con menos ganas que antes, que “en cual va a ser, joé, pues en la Residencia”. Era ya tarde; y como la verdad había conseguido bastante información, volvía la hotel, a comer. Lo de la residencia dejaría para la tarde.

Pensé que era buena idea tomar un pescado para el almuerzo, que aquí lo habría bueno con tanta costa. Así que le pregunté al camarero que si tenía pescado. Él me contestó que tenía unas “zapatillas mu fresquitas”. A mi sinceramente me importaba un pimiento lo que se calzaba el fulano. Yo lo que quería era comer, y además no se a que venía aquello de las zapatillas. El tipo me estaba vacilando o tendría a medias una zapatería con algún cuñado y me hacia la propaganda. Obvie el comentario e insistí en lo del pescado, pero el camarero volvió con lo de las zapatillas fresquitas. Puse mala cara y el camarero debió de notarlo, ya que inmediatamente me aclaró que así le llaman aquí a las doradas. Gente rara esta de Cádiz. No hay Dios que los entienda, con lo que corren hablando, las palabras que las pronuncian a medias y, para colmo, le cambian el nombre a las cosas. Luego dicen que el euskera es difícil. No, euskera fácil, gaditano difícil.

Después de una pequeña siesta reparadora, volví a la faena. Tendría que averiguar a qué residencia en cuestión se refería “Paco el bigote”. Deduje, sin duda, que tenía que ser muy conocida, por la forma en que el susodicho me dijo: “cuál va a ser, joé, pues en la Residencia”. Perspicaz que es uno.

En la misma recepción del hotel me dieron la información que necesitaba. La Residencia estaba a cien metros del hotel. Un paseo siempre vendría bien; pero llevaba cierto tiempo andando y no encontré ninguna residencia. Pregunté a un transeúnte y me contesto que me la había pasado, que estaba a dos bocacalles. Así que volví sobre mis pasos, pero yo no encontré ninguna residencia. Y debía de estar allí. Volví a preguntar. “¿Por favor, la Residencia?”. “Pues eso que tiene usted delante”. Pero….eso…¡eso es UN HOSPITAL! Aquí decimos la Residencia, me contesto la señora y se quedo tan pancha y de camino me echó una mirada como diciendo, pareces tonto.

Bien, a partir de ahora no volveré a caer en estas artimañas. Porque para mí estaba claro que había algún tipo de complot, y entre todos los gaditanos intentaban marearme con nombres equivocados a cosas que solo pueden tener un nombre.
Investigué en el hospital y saque un dato importantísimo. Allí trabajaba desde hace dos meses un tal Manuel Ramírez que estuvo cierto tiempo en Bilbao, según todo ello me confirmó un celador de la residencia. No pudo decirme su dirección concreta, aunque me dijo que vivía por la Plaza de Toros. Iba, a pesar de la cantidad de datos “incorrectos”, cercando al sospechoso. Dar con la Plaza de Toros sería tarea simple.

Eso pensé, pero hasta el día de hoy (y llevo quince días aquí), no he podido dar con ella. Y tiene que estar ahí, porque una Plaza de Toros es una Plaza de Toros, y a eso no le pueden cambiar el nombre. Y además, a todo el que le pregunto me dice que “dos calles más pallá”, o “una mijita mas palante”. Luego eso confirma mi teoría: Hay una Plaza de Toros. Todos me hablan de ella, pero yo no la encuentro. Me estoy o me están volviendo loco.

Definitivamente dejo el caso. Y como dicen los de aquí, me guannajo.

 

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Las corrientes complejas en el Golfo de Cádiz

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Un estudio publicado en 2009 examinó los factores que contribuyen a las corrientes complejas en el Golfo de Cádiz. Situado al noroeste del Estrecho de Gibraltar, el fondo es agitado por las corrientes superficiales que fluyen del mar Mediterráneo. Pero en las laderas del Golfo a una profundidad de 2 kilómetros (1,2 millas) bajo el nivel del mar, y a una profundidad de unos 200 metros, existen otros flujos de corrientes oceánicas en la dirección opuesta, hacia el Estrecho de Gibraltar. El estudio de 2009 proporcionó un panorama general de las complicadas corrientes. Los autores remarcaron: “La interacción de la salida del Mediterráneo con la topografía y el proceso de arrastre [la incorporación de agua de mar en una corriente] induce la circulación significativa en la capa superficial”.

Los sedimentos del río Guadalquivir han atraído la atención de los científicos y no sólo cuando son visibles en las imágenes de satélite. El 25 de abril de 1998, se rompió una balsa de relaves de una mina de pirita a lo largo del río Guadiamar, afluente del Guadalquivir. Del accidente se escaparon 4 millones de metros cúbicos de agua ácida y 2 millones de metros cúbicos de lodo, que se extendieron aguas abajo. Las amenazas a la calidad del agua y la salud de la vida silvestre ha sido, pues, un área de la investigaciones en curso.

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Iglesia de la Palma

Iglesia de la Palma.

Al igual que otras de esta ciudad, se asocia a la figura del misionero capuchino fray Pablo de Cádiz, religioso devoto de la Virgen María que tuvo a bien fomentar los rosarios públicos, a los que dotaba de una peculiar organización que los hacía similar a una cofradía. Así, fundó en esta ciudad un total de quince Compañías del Rosario repartidas por diferentes iglesias, hospitales o ermitas. Y para fijar una sede a la del Ave María, formada por devotos del Barrio de La Viña se levanta una capilla entre los años 1693 y 1696.

Esa capilla sufre grandes daños a causa de un incendio en el año 1754, y como consecuencia de ello se procede a la construcción de la iglesia actual, cuya construcción se termina en 1768, siendo bendecida por el entonces obispo de la ciudad, fray Tomás del Valle.

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Iglesia de Santa María (Cádiz)

Iglesia de Santa María (Cádiz)

El Convento de Santa María de Cádiz  se funda en 1527, para una comunidad de franciscanas concepcionistas en lo que era la Ermita de Santa María del Arrabal, junto con unas casas colindantes.

En el año 1596 Cádiz sufre el peor asalto de su historia, a cargo de la flota conjunta angloholandesa, mediante el cual el convento es asediado y su iglesia incendiada, por lo que hubo de reconstruirse el conjunto; habiendo constancia de que en 1605 las obras, bajo la dirección de Luis Ramírez, se encontraban ya en un estado muy avanzado, con una sencilla iglesia de planta rectangular y una sola nave cubierta con bóveda de cañón.

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Una de las Primeras fotografías del Puente Carranza.

De las Primeras fotografías del Puente Carranza.

El peaje de Las Cabezas a 18 pesetas, el de Jerez a 7 pesetas y las 25 pesetas que costaba cruzar por el puente de Carranza convertían a la autopista del Sur en un artículo de lujo, no apto para todos los conductores. La velocidad era de 130 kilómetros por hora y solo los grandes automóviles de la época eran capaces de circular con la aguja del velocímetro por encima de los cien. Así, no era extraño ver como muchos Seiscientos o Seat 1400 dejaban sus bielas en mitad del asfalto

Sebastián González Álvarez, se convertía el 12 de junio en el conductor número un millón que pasaba por el puente José León de Carranza. La estación de peaje registraba esa cifra en poco más que siete meses. Los cálculos estimaron que el vehículo pasaría sobre las cinco de la tarde y a esa hora llegaron el alcalde y otras autoridades municipales a recibirlo.

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La Plaza de San Antonio

Plaza de San Antonio

 

La Plaza de San Antonio se construyó en el año 1656 en 
el entonces llamado “Campo de la Jara” para denominarse San Antonio, la nomenclatura se debe por existir allí una ermita con dicho nombre. A principio del Siglo XIX se le llama Plaza de la Constitución, por haber sido este lugar donde el 19 de marzo de 1812 se proclamó la Constitución. En 1937 se le denomina Plaza de José Antonio Primo de Rivera y con la llegada de la democracia vuelve a denominarse Plaza de San Antonio.

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Los Cien Mil Hijos de San Luis

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foto andalucia.org

La actual Isla del Trocadero, en el término municipal de Puerto Real, da su nombre a una plaza de París precisamente por haber sido el lugar de la victoria de los Cien mil hijos de San Luis en su combate contra los liberales. En la actualidad quedan los restos del castillo de San Luis, emplazados justo al sur del Puente Carranza.
El 7 de abril de 1823, Francia intervino militarmente otra vez en España, a solicitud del rey Fernando VII para apoyarlo frente a los liberales y restablecer el absolutismo, en virtud de los acuerdos de la Santa Alianza. El ejército francés, denominado con el nombre de los Cien Mil Hijos de San Luis,fue encabezado por el duque de Angulema, hijo del futuro Carlos X de Francia.
El objetivo fundamental de la intervención francesa era terminar con los liberales en el gobierno desde tres años antes.
Cádiz fue sitiada y bombardeada. La resistencia fue muy fuerte y los franceses no pudieron tomar la ciudad. La situación de los sitiados era desesperada pues no llegaban refuerzos de parte alguna. Al final se realizó un pacto: Fernando VII saldría y prometería defender la libertad alcanzada por los españoles con la Constitución de 1812, y a cambio se rendiría la plaza.
Acordado con los franceses, Fernando VII salió de la ciudad, pero de forma inmediata se unió al invasor y el mismo 1 de octubre decretó la abolición de cuantas normas jurídicas habían sido aprobadas durante los tres años anteriores. La derrota tuvo nefastas consecuencias para la ciudad; en los siguientes años se arrestaron a 30.000 personas y 20.000 fueron ejecutadas.

 

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La Catedral de la Santa Cruz de Cádiz.

Está situada en el centro histórico de Cádiz, casi al borde del mar, y es visible desde casi cualquier punto de la ciudad,se comenzó a construir en el siglo XVIII.
Mezcla los estilos barroco y neoclásico ya que las obras dieron comienzo en 1722,En En 1723 se colocó la primera piedra,en las que utilizó únicamente sillares de piedra ostionera colocados a hueso y se prolongaron durante más de un siglo. De visita obligada es la cripta se construyó entre los años 1730 y 1732,donde descansan los restos de Manuel de Falla, y el poeta José María Pemán.
El sonido del mar, el batir de las olas que retumba en el interior de la cripta
Tras la conquista de la ciudad, Alfonso X El Sabio solicitó al papa Urbano VI la restauración de la antigua sede asidonense en Cádiz consciente de su situación estratégica.
Tras la concesión papal, el rey castellano mandó levantar un edificio bajo el título de catedral de la “Santa Cruz sobre Las Aguas” la actual iglesia de Santa Cruz,situada en el barrio del Pópulo y conocida popularmente como “Catedral Vieja”.
La Iglesia de Santa Cruz (Catedral Vieja).Fue edificada por orden del rey Alfonso X El Sabio alrededor de 1262, con el fin de ser enterrado en ella. Destacan el retablo del altar mayor, la capilla de los Genoveses y la urna y Cristo del Santo Entierro.
El aumento progresivo de la actividad comercial del puerto gaditano tras el descubrimiento de América y en consecuencia el aumento de población, fue evidenciando a lo largo de los siglos XVI y XVII la necesidad de construir una nueva catedral de mayores proporciones y esplendor acorde con la situación de prosperidad económica que vivía la ciudad. El traslado de la sede del monopolio desde Sevilla en 1717 afianzó a Cádiz como cabecera en el control del comercio.

Oratorio de la Santa Cueva,del siglo XVIII.Desde este oratorio comenzó a edificarse la catedral de Cádiz
Obra de Vaccaro y Gandulfo,cuenta con tres lienzos de Goya La Santa Cena, La multiplicación de los panes y los peces y La parábola de la boda del hijo del rey.No se sabe con exactitud cuándo ni dónde pintó Goya estos lienzos. Según algunos investigadores, pudieron realizarse en el invierno de 1792-1793, coincidiendo con la primera estancia del pintor en Cádiz, convaleciente de la gravísima enfermedad que le produjo la sordera.
Su construcción comenzó en 1781, a expensas de José Saénz de Santa María, marqués de Valdeiñigo, a partir de un sótano aparecido bajo la parroquia del Rosario.
El monumento está considerado como uno de los grandes monumentos del arte español y la joya del neoclásico gaditano,consta de dos estancias, una superior o capilla alta de extraordinaria riqueza y luminosidad, donde se pueden contemplar tres lienzos de Goya, y otra subterránea o capilla baja de mayor austeridad y recogimiento.
La Torre de Poniente de la Catedral.Es una de las dos torres gemelas de la catedral, justamente la que está junto a la calle Arquitecto Acero es el punto más alto de la ciudad, 74 metros finalizada en 1862 por el arquitecto Juan de la Vega.